Pongan atención, señores,
que les vengo a declamar un verso,
para hablarles del Creador
que sostiene el universo.
No son dos ni son tres Dioses,
escuchen bien la verdad:
en Jesús habita plenamente
toda la Divinidad.
Él es el mismo Dios vivo
que a Moisés le habló en la zarza,
el que abrió el Mar Rojo en dos
y a su pueblo siempre abraza.
Cuando en el suelo en carne
caminó con humildad,
reveló el santo Nombre
lleno de gloria y majestad.
Salió el Señor a los hombres
con su voz clara y profunda,
a proclamar lo que Él es
sin que nadie lo confunda:
«Yo Soy el Pan de la Vida»,
dijo al que tiene escasez,
«el que de mi carne come
jamás tendrá hambre otra vez».
«Yo Soy la Luz de este mundo»,
para el que anda en tinieblas,
el que me sigue en la huella
de la ceguera se quiebra.
«Yo Soy la Puerta del reino»,
ningún otro portón sirve,
el que por mí va entrando
vida plena y paz recibe.
«Yo Soy el Buen Pastor»,
que por sus ovejas vela,
que da la vida en el campo
y de los lobos nos guarda.
«Yo Soy la Resurrección»,
vencedor sobre la fosa,
el que cree en mí aunque muera
tendrá una herencia gloriosa.
«Yo Soy el Camino exacto»,
la Verdad firme y la Vida,
nadie va al Padre del cielo
sin mi Gracia proferida.
«Yo Soy la Vid verdadera»,
permanezcan en mi amor,
porque separados de mí
no darán fruto ni flor.
Y cuando vino la turba
a prenderlo en Getsemaní,
con espadas y garrotes
a buscarlo hasta allí,
les preguntó: «¿A quién buscan?»
con serena majestad,
y al responderles «YO SOY»,
retumbó la autoridad.
¡Retrocedieron los fieros!
¡Cayeron todos a tierra!
Ante la voz del Dios Vivo
hasta el más guapo se aterra.
Porque no era un hombre cualquiera
el que allí parado estaba:
¡era el Dios de la Zarza Ardiente
que el universo gobernaba!
Por eso hoy le digo al llanero,
al doctor y al campesino,
que reconozcan en Cristo
al único Dios Divino.
No busque por otros lados,
no hay otro Nombre ni ruta,
en Jesucristo el Señor
la victoria es absoluta.
¡LLAMADO DE SALVACIÓN!
Amigo que me estás oyendo,
no lo pienses ni un segundo,
recibe hoy a Jesucristo,
el Salvador de este mundo.
Reconócelo en su gloria,
con su trono y su poder,
como el Gran "Yo Soy" eterno
que te hace renacer.
Entrégale hoy tu existencia,
deja que Él sea tu guía,
tendrás perdón de pecados,
consuelo, gozo y alegría.
Él será tu Buen Pastor,
tu Luz en la noche oscura,
tu Pan en tiempo de crisis
y tu Puerta firme y segura.
¡Ven a sus brazos abiertos,
rinde tu vida a su ley!
¡Recibe al Gran "Yo Soy" de siempre,
único Dios, Señor y Rey!
Y cuando acabe este viaje
y la trompeta resuene,
Él llevará hasta el cielo
al pueblo que le obedece;
donde no habrá más llanto,
ni dolor, ni sufrimiento,
sino victoria eterna
al lado del Dios Eterno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario